Os voy a contar una pequeña historia que, pasados 20 años, ha cobrado más sentido de lo que pudiera esperar en mi adolescencia.
Abro hilo


Se titula: Guía de actuación de un político en tiempos de pandemia.
Abro hilo




Se titula: Guía de actuación de un político en tiempos de pandemia.
Cuando era adolescente, siempre que quería ir al cine, tenía que pasar por un jardín muy bonito que se encuentra en el centro de la ciudad de Alicante. Durante mucho tiempo, ni siquiera me llamó la atención. Hasta que un día quise saber más sobre su historia.
En realidad, era un panteón. Un monumento dedicado a una figura que fue muy relevante para la ciudad en el siglo anterior. Su modo de actuar fue crucial para salvar la vida de muchos alicantinos ante una gran epidemia de cólera que asoló la ciudad y provincia en 1854.
Fue nombrado oficialmente el 16 de agosto gobernador civil de Alicante, tan sólo una semana después de que comenzaran a detectar casos de una nueva enfermedad: el cólera morbo.
Esta enfermedad intestinal, de causa infecciosa y muy contagiosa, se trasmitía a través de la comida y el agua contaminada. En unas horas, podías pasar de un cuadro de vómitos, a diarreas con deshidratación intensa y terminar muriendo en pocos días.
Se estima que el 10% de la población de Alicante de ese momento (alrededor de 20.000 habitantes) pudo morir de esta enfermedad.
Una parte importante de la población (aproximadamente 8.000 alicantinos) escapó a los pueblos de la provincia y lo único que consiguieron es que la enfermedad se extendiera (¿os suena?).
El desconocimiento de la enfermedad y la falta de higiene provocaron hasta 1.964 víctimas en los 47 días que duró la epidemia; con una media de fallecimientos por día de 110 alicantinos.
Y os preguntareis: ¿qué hizo ese tal Quijano para que la ciudad le otorgara tal reconocimiento y que su figura fuera conocida por las generaciones futuras?
Pues apresurarse a tomar medidas efectivas, sobre todo, desde el punto de vista sanitario y económico.
Pues apresurarse a tomar medidas efectivas, sobre todo, desde el punto de vista sanitario y económico.
Su mérito fue no dejarse arrastrar por el clima político reinante en ese momento en el país y que había llevado a su predecesor a dimitir unos días antes de su nombramiento (por la revuelta que llevó al poder a Espartero y terminó con la expulsión de la reina María Cristina).
Entre sus medidas más importantes destacan:
- Publicación de edicto obligando a la apertura de los establecimientos públicos y tiendas de comestibles, “advirtiendo duros castigos y sanciones a los especuladores que vendan artículos de primera necesidad a sobreprecio”.
- Publicación de edicto obligando a la apertura de los establecimientos públicos y tiendas de comestibles, “advirtiendo duros castigos y sanciones a los especuladores que vendan artículos de primera necesidad a sobreprecio”.
- Denunció, ante el obispo de Alicante, que la mayoría de los sacerdotes habían huido de la ciudad y le instó a que “les obligara a retornar y que se personase en Alicante en un plazo de 48 horas para ayudarle a confortar a los enfermos y dar ejemplo”.
Nota: No fueron los únicos, ya que también otros políticos principales de la ciudad también huyeron a la provincia. He de aclarar que, en esta medida en concreto, no tuvo mucho éxito…
- Se reunió con facultativos de la ciudad para poner en marcha un plan de asistencia médica, estableciendo guardias de médicos y practicantes en el Ayuntamiento para que operasen las 24 horas.
- Donó de su propio bolsillo dinero a las familias más pobres para que compraran alimentos. Asimismo, concedió ayudas económicas de tres reales diarios a las familias consideradas pobres de solemnidad y otorgó exención del pago de tributos a la compra de alimentos.
- Obligó mediante un edicto a “a la fabricación de horchata de arroz día y noche para servicio público y de enfermos”.
Además, llevó a cabo su plan mientras acudía a visitar a los enfermos, que – según se refleja en los registros de la ciudad - se le morían en sus brazos.
Como podréis imaginar, no hay un final feliz, al menos para nuestro héroe. Quijano sería de los últimos enfermos en morir. Y en su lecho de muerte, a los 47 años, aún seguía pensando en sus ciudadanos: “Sé que voy a morir, pero muero contento porque sé que voy a ser el último”.
El político vasco, que apenas 25 días antes había sido nombrado gobernador de la ciudad, dio su vida por sus ciudadanos, en cumplimiento de sus responsabilidades políticas, con la conciencia bien tranquila y la satisfacción de haber erradicado el cólera de Alicante.
Bibliografía:
https://es.wikipedia.org/wiki/Trinitario_Gonz%C3%A1lez_de_Quijano
https://aquimediosdecomunicacion.com/blog/2019/09/13/el-vasco-que-salvo-a-alicante-del-colera/
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/54530/1/Anales-Historia-Contemporanea_03-04_04.pdf
https://es.wikipedia.org/wiki/Trinitario_Gonz%C3%A1lez_de_Quijano
https://aquimediosdecomunicacion.com/blog/2019/09/13/el-vasco-que-salvo-a-alicante-del-colera/
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/54530/1/Anales-Historia-Contemporanea_03-04_04.pdf
Nota: Al principio pensé en incluir unas conclusiones finales, pero creo que la historia habla por sí misma...